La Leyenda de Anguil

Leyenda: Datos verídicos tomados personalmente por Matilde Pérez de Médici y Elena Suárez de Migoni, a una india descendiente de la rama de los Miyas del lugar.


LEYENDA (prosa)



“¡ Oh ! tranquilo, alegre y laborioso pueblo de Anguil, naciste al soplo del recuerdo de maldición indígena.


Pues, cuéntase, que los indios habitantes de esta zona, designaban diariamente vigías, con la consigna de cuidar y rondar día y noche estos parajes debiendo dar inmediatamente cuenta de todo avance o ataque de extraños, en estas tierras de sus dominios.


Pero llegó un día que por descuido, el emisario dio tarde el aviso de que venían enemigos en pos de conquista, a la que ellos tanto amaban, siendo sorprendidos sin tener tiempo de prepararse para la defensa, perdiendo por esa causa parte de sus posesiones.


Por esta razón, el emisario infiel, fue condenado por su tribunal superior a morir enterrado de los pies a las rodillas. Bajo la maldición de toda la tribu, el pobre indio clavado allí fue convirtiéndose poco a poco en un leñoso y grueso tronco; sus brazos extendidos, implorando al cielo, se tornaron en gruesas ramas y la cabeza y sus manos se confundieron, para formar la frondosa copa de un caldén.


¡Pero que poco duró la existencia del indio, transformada en el hermoso “árbol” regional pampeano!


También este fue muriendo para quedar sólo en su esplendor el seco ramaje.


Cuando en sus andanzas la tribu errante vio que también el caldén había caído vencido en su custodia, llamó a ésta, entonces residencia de ellos ANGUIL, que quiere decir “CALDÉN SECO”.


Así nació tu nombre, amado pueblito de mis recuerdos, donde el enjambre de su población, concentrada en la tarea diaria para bien, se yergue altiva, guardando tu memoria ¡Oh! pobre indio, condenado por las fatalidades del destino! ...


¡Hoy, en este lugar, triunfante en su derrota, se levanta el templo de la civilización! ...




ORIGEN DEL NOMBRE DE “ANGUIL”(versos)

Al entrar al llano de la hermosa Pampa


próximo y al este de su capital


levántase un pueblo


donde queda apenas algún renoval.


Veinte años me ligan a este pueblo querido


y en muchos relatos que puede escuchar,


oí historias no escritas, y el indio extinguido


de Anguil, la leyenda dejo secular.


Cuentan que una tribu de bravos ranqueles,


que sentó sus reales en este lugar


poniendo vigías incesantemente


custodió sus lares con celo sin par.


Pero... descuidando su custodia, un indio


dio tarde el aviso de avance enemigo


y tras cruenta lucha, los bravos guerreros


perdieron gran parte del vasto dominio.



Después... entre gritos de turba iracunda


Condenó al vigía en feroz maldición


A morir clavado de pies a rodillas


En tierra, por esa supuesta traición.


¡ A un lento y horrible preludio de muerte


somete al cuidado la dura sentencia !


¡ Se contraen los labios; su gemir desgarra


sus brazos se agitan pidiendo clemencia !


Y aquellos salvajes vieron impasibles


llegar estertores de una muerte lenta.



¡ La dulce caricia de la brisa suave


balsámica y tierna de su sien refrescó! ...


¡ Los cortaderales de blancos penachos


dieron a su planta, reparo y calor !


Su riego los ojos, su jugo la tierra,


sus rayos de vida el fecundante sol,


y por mágico arte de embrujo o hechizo


cesó su lamento, cesó su clamor !


Del indio enterrado terminó el martirio,


su dura condena plantado cumplió


Más, fue poco a poco trocándose en árbol


Su cuerpo fue tronco ramaje y verdor !



Y el reo que alzaba sus manos al cielo


pidiendo en su angustia a Dios compasión


Es luego, caldén de ramaje frondoso


que invita las aves a hermosa canción !



La turba irritada quedó estupefacta


viendo así troncada su sentencia cruel


sintió torvo miedo de aquel “indeficio”


y la loma distante traspuso en tropel.



¡ Se alejó la tribu y en sus alaridos


se escuchó una nueva feroz maldición


y quedó tan solo, como centinela,


el caldén frondoso en esta región.



Pasaron los años y la tribu errante


en sus correrías volvió a ese lugar


mientras deslera la inmensa pradera


los quemantes rayos del disco solar !...



Era perseguida del huinca - cristiano


que hasta sus dominios se allegaba yá !


Y encontró marchito, maculento el árbol


único vigía de esta soledad !...



Perduré el recuerdo de aquella asomada


lloraron los Pampas su gran poderío !


Y al ver los feroces valientes guerreros


su triste destino y el árbol caído


Llamaron a estos parajes de embrujo



“ANGUIL CALDEN SECO”, como ellos vencido.